Entendemos lo que la institucionalidad ofrece, incluso más allá de las intensiones de quienes “de buena fe” puedan administrarlas. El ejercicio práctico de las instituciones es el que tiene límites, no puede otorgar todos los medios de vida y medios de producción que necesitamos para ser libres y autónomos; y por lo tanto, tener absolutamente nuestra vida en nuestras manos y dejar de trabajar para otros y obedecer mandatos.
Si pensáramos que el capitalismo es el mejor modo de producción y desarrollo económico pero con una muy mala distribución (lo que nos llevaría a pensar que el capitalismo no es el problema, sino la mala distribución de bienes y servicios) quedaría olvidado para siempre el problema de la apropiación del trabajo, la enajenación, el problema ambiental, la mecanización de la vida y muchos problemas que se desprenden de él.
Por otra parte, el actual gobierno (local y el central) nos lleva a pensar que por sus negligencias, que el Estado no es un problema, sino que se encuentra mal administrado. Pero el Estado es el instrumento de dominación (de clase) que legaliza la explotación de forma “civilizada” y cualquier revuelta contra esta dominación, pasa a ser un acto criminal y bárbaro, propio de la época de las cavernas. El Estado es el instrumento que busca ejercer el poder sobre todo individuo que existe en la nación y nosotros queremos la plena emancipación política.
¿Esto quiere decir que estamos contra todas las instituciones? No, estamos en contra de la dominación política y financiera que se encuentra sobre nosotros, pero entendiendo que “la necesidad crea al órgano” (como decía Engels) es que estamos a favor de las instituciones y demás órganos que la movilidad social y la acción revolucionaria, necesite construir. ¿Esto quiere decir que si “el pueblo” quiere cambiar el carácter (burgués) del Estado o si quiere modificar el capitalismo solo en lo que compete a la distribución, lo acatamos, obedecemos y aceptamos como una decisión democrática y revolucionaria?
Ser revolucionario significa ser innovador y la innovación es enemiga del hábito, de la tradición y de la rutina, por ello nos oponemos al pensamiento de obtener esas mejoras que son compatibles con la continuación de un régimen capitalista y su jurisdicción estatal. Sabemos bien que cuando el conflicto ha ido demasiado lejos como para ser resuelto, entonces hay revolución o reacción y sabemos que el triunfo de la revolución pasa por la acumulación de experiencia de la lucha combinado con la acumulación de fuerzas; dará como resultado el desplome inevitable del viejo mundo.
¿Qué es lo que queremos? ¿Denominar de nuevo el sistema de dominación? ¿Mejorar, remodelar, reformar las formas de dominación sobre nosotros mismos a cambio de mejores condiciones de vida? ¿Abandonar nuestros deseos de libertad a cambio de que nuestra jaula esté mas grande y que nuestra cuerda tenga mas alcance?... queremos tener todos los medios de vida y todos los medios de producción en nuestras manos colectivas, redefinir nuestras vidas de forma ajena a toda supervisión estatal, imperial o eclesiástica, con plena autonomía y libre pacto entre las diferentes asociaciones revolucionarias que arrancarán de raíz, todo tipo de autoritarismo, enajenación, explotación y cualquier forma de dominación en general, para así construir una nueva vida colectiva que se exprese de forma plena.
¡Eso es lo que queremos!
¡A construir la ruta alternativa revolucionaria contra el viejo mundo!
¡Que viva la organización libre y autónoma de la unión revolucionaria!
¡Muerte al municipio, que viva la comuna!
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